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jueves, 4 de noviembre de 2010

¿Por qué ya no estamos enamorados de Marte? Parte I

Cuando converso con gente mucho mayor que yo y de repente se da la oportunidad de hablar sobre un tópico de vida extraterrestre, o referencias a ello, la palabra "marciano" suele salir como parte de su léxico. Desde mi mamá hasta otras personas ya de la tercera edad relacionan la idea de la xenobiología con Marte.

Si se ve alguna película o caricatura muy vieja, se referirán a los extraterrestres como marcianos. Ese sustantivo fue sinónimo de "alien" durante mucho tiempo. Pero, ¿por qué se usó tanto tiempo y por qué ahora ya no se utiliza?

¿Será por que los marcianos nunca llegarán bailando el Ricachá, que es como llaman en Marte al Chachachá?. Otra referencia a ello. Marte es un tópico que a mí me interesa, un tema del que podría hablar muchas cosas. Pero no es algo generalizado, lamentablemente para mí.

 Giordano Bruno.

Desde que comenzó a cuestionarse la mitología Judeo Cristiana (sobre todo la vertiente católica) en los tiempos de Copérnico y Galileo, cruzó por la mente de algunos la posibilidad de que existiesen otros mundos como el nuestro. Giordano Bruno es un ejemplo. Más tarde las observaciones con rudimentarios telescopios (de los cuales ya de perdis quisiera tener uno) hicieron volar la imaginación de algunos, debido a la poca potencia que estos ofrecían y algunas ilusiones ópticas que generaban.

La geografía marciana de Schiaparelli

Ejemplo de esto fueron Giovanni Schiaparelli y Percival Lowell, quienes por un tiempo inundaron al público científico con la idea de que existían canales en Marte. Schiaparelli se refería a canales naturales, formaciones por donde podría correr agua, pero Lowell lo interpretó como canales artificiales. 

Sin una observación detallada, fehaciente, y debido a la imposibilidad del vuelo espacial entonces, todo fue conjeturas. Los creadores de fantasía y ciencia ficción vieron en el planeta rojo un caldo de cultivo para creaciones maravillosas, cosas que a muchos les hicieron pensar que dentro del vecindario planetario había un mundo hermano con vida. Algunos lo presentaban como vida amigable, o quizás estrafalaria. Otros...como seres capaces de hacernos lo que los conquistadores españoles hicieron en América en el siglo XVI...

 La Guerra de los Mundos

En 1898 H.G. Wells escribió La Guerra de los mundos, algo que no tuvo impacto fuera del mundo literario sino hasta 1938, cuando se estrenó la versión radiofónica. El invento de Marconi era joven para muchos, y recién se utilizaba para entretenimiento. Quienes sintonizaron la estación donde se transmitía la radionovela, algunos, no supieron distinguir si era ficción o verdad...fue tal el impacto que en algunas partes se creyó que realmente los marcianos nos invadían. Fue tal la calidad histriónica de la obra de Orson Welles y la inocencia de la gente de entonces que sus mentes jugaron con ellos.

 Poster promocional de Aelita, en 1927

Marte fue sujeto de todo esto, debido a que en aquel tiempo la humanidad, al menos quienes estaban interesados en él lo veían como ahora vemos los sistemas estelares más lejanos. Por esa chispa de deseo de no estar solos en el universo. Las ideologías más diversas se acercaron, al menos en ficción, al planeta rojo. Incluso los comunistas en la recién nacida Unión soviética adaptaron una novela de Tolstoi a una película en 1924: Aelita. Sí, antes de Metrópolis, esta película mostró un Marte con una estética constructivista, una revolución interplanetaria. 

El planeta de Ares fue una moda por casi toda la primera mitad del siglo XX. Como diría Ned Flanders alguna vez, "La ciencia es como un mal espectador que nos cuenta el final de la película", y al menos en parte tiene razón. Después de los primeros reconocimientos orbitales de Marte, y los primeros descensos no tripulados, no se encontraron las extrañas ciudades que describiría Ray Bradbury en sus Crónicas Marcianas, ni el Barsoom de Edgar Rice Burroughs, sino un desierto yermo, barrido por tormentas tremendas y con un cielo salmón. Al llegar a Marte unos objetos hechos por el ser humano, se dio por sentado que ya había pasado de moda, que ya no era inalcanzable. Y peor aun, que no tenía nada qué ofrecer a la vista. Empeoraba la cosa con las primeras misiones, las Viking, que eran armatostes inamovibles que permanecían en un solo sitio sin poder desplazarse hacia quizás una duna o un montículo de rocas que llamasen la atención.

 El yermo marciano. Pero las apariencias engañan..

Como los marcianos de Bradbury, la ilusión por el planeta rojo murió, o al menos se congeló, creo yo. Cuando estaba en secundaria, yo ya había leído parte del libro de Cosmos de Carl Sagan, y compartía su desesperación por que la Viking hubiese podido desplazarse y explorar Marte, buscar entre la arena, piedras, excavar, otear al horizonte, cuando se anunció un proyecto nuevo: el Pathfinder, un pequeño vehículo explorador que a diferencia de las arcaicas sondas setenteras, era móvil, lento, pero móvil. Estuve al pendiente de la misión al menos en lo que tenía a mi alcance, que era la tele. No decían cosas que a mí me interesaran y perdí el interés.
Con los años se han enviado más exploradores del estilo del Pathfinder y a pesar de lo interesante de los hallazgos parece que el interés general se centra en otras cosas. Los partidarios de teorías conspiracionistas siguen hablando de lo que la NASA o los gobiernos ocultan, tal como quizás evidencia de vida inteligente extinta en Marte, o explicación sobre extrañas formaciones. Las piedras no hablan lo suficiente como para poner en jaque la ideología del ser humano y su antropocentrismo. La desesperación me invade a veces pues quisiera caminar por las dunas marcianas y ver por mí mismo las cosas, para que no me cuenten. Los problemas de la Tierra parecen ser más importantes que el universo entero, vasto y quizás (quizás) infinito. 

 ¿Podré ver algo así? Pero no por la tele o en Internet, sino a través del visor de un casco...y sentir la gravedad menor de Marte.

Siento que la humanidad está de nuevo ensimismada con asuntos domésticos. Aunque estuviera cercana la primera misión tripulada a Marte, creo que no sería el mismo interés que hubo por las primeras misiones a la Luna. Hay quienes me han comentado que no se debería gastar nada en exploración espacial hasta que nuestro mundo esté en orden. Yo no estoy de acuerdo, pues muchos de los avances tecnológicos como miniaturización electrónica, equipos de vanguardia y demás, han sido adaptados de la tecnología espacial. Más bien los fondos de armas y demás, como dije en un post anterior, se deberían dedicar a expandir el conocimiento sobre lo que nos rodea. ¿Quién dice que no podría estar parte de la solución a los problemas terrestres en el espacio? ¿En otro mundo vecino? ¿En nuestro mismo satélite? 

Recursos inesperados podrían estar esperándonos en el Planeta Rojo. Y si se encuentran evidencias de vida inteligente en el pasado, si esas erosionadas montañitas en forma de pirámides resultan ser en verdad pirámides, sería un buen golpe al ego terrestre. Ver nuestra medida real en el universo.Ver cómo nos peleamos por un pedacito de tierra cuando allá afuera hay un espacio infinito, suficiente para todos. 

 ¿Por qué frenamos nuestro propio crecimiento?

Siento que hay razones para volver a enamorarnos de Marte. La Luna podría ayudar. Algo que no mencioné en el post de Orión es que con esa tecnología en una sola misión se podría colocar una base PERMANENTE en la luna, un puesto espacial que serviría de trampolín a nuestro vecino más parecido. Es ridículo; prohiben explosiones nucleares en el espacio, donde debido a su vastedad no podrían hacer mucho daño, y en cambio en la Tierra no se hace nada por evitar el desarrollo de armas nucleares. Si alcanzamos aunque sea nuestro satélite y luego Marte, lo "Xeno" estaría de moda. Nuevas tendencias arquitectónicas adaptadas a entoronos distintos al terrestre, la xenoarquitectura. Si descubrimos vida en Marte, aunque sea microscópica, la xenobiología, cosas que quizás, como decía, puedan aportar soluciones a las problemáticas que tenemos en esta mota azul que flota en el espacio. 

Hay razones para enamorarnos de nuevo de Marte. Pero para hacerlo el cambio de conciencia se tiene que dar...pronto.

Como según creo recordar dirían en la serie de Capitán Harlock: "Cuando los mares de la Tierra se secaron, la humanidad se preguntó qué sería de ella. Lamentaron su suerte, cerrando sus ojos ante el inmenso océano sobre sus cabezas. Algunos aventureros decidieron dejar el planeta. La gente les señalaba con el dedo, tachándolos de parias siguiendo un sueño tonto".
No me comparo con él. Julio Verne pudo haber sido tachado de loco en su tiempo, y sin embargo vean. Quizás me puedan tachar de lo mismo. Solo espero que el tiempo me dé la razón.


Que la fuerza los acompañe...

1 comentario:

Juan Duran dijo...

Genial! Lo que más me llama la atención es la forma en que escribes. A ver cuando haces un post sobre el proyecto Mars One.
Saludos, que la gorda te acompañe :)