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lunes, 27 de junio de 2011

¿Qué hay detrás de...? La Máscara

Por allá de 1994, cuando todavía medio se podía llenar un carrito del supermercado con 30 pesos y lo más común del mundo era ir al cine, y además, estos no podían estar sin su ejército de vendedores ambulantes a la salida, y dentro durante los "cortos" y el "intermedio", cuando los miércoles la entrada costaba 5 pesotes, me tocó ver en los Cinemas Gemelos del Metro Viveros (donde ahora se levanta un Office Depot) una película que quizás sería de las primeras donde yo apreciaría efectos CGI: La Máscara.

Los efectos especiales incluso hicieron que Cameron Díaz se viera bien buenota...cuando en realidad en mi opinión, está toda escuálida...





Estelarizada por Jim Carrey, en la tele la pintaban como un super filme, no solo por los efectos sino también por la capacidad histriónica de la estrella principal. Y sí, ha sido una de las mejores películas que he visto. Por ese entonces pensaba que era una creación original para cine, un nuevo superhéroe que vendría a engrosar las filas de personajes con poderes especiales, y esta vez, como sacados de las caricaturas de Tex Avery. Lo que no sabía es que, como mucho en Hollywood, era una adaptación de algo ya existente.

Guácala...hace mucho que no viajo pero de seguro, se convirtió en película de autobús...

Después claro, con el paso de los años, surgió la serie animada de La Máscara, y la horripilante secuela, la que deberían quemar cada copia existente, El Hijo de la Máscara, donde, como en 2033, se gastaron más en efectos especiales que en un buen guionista. Y hasta hace unos años supe que La Máscara surgió por allá por 1985, año del terremoto.

Tal como en las películas y en la serie, la historia gira alrededor de una máscara mágica que tiene qué ver con el dios nórdico Loki, y quien la usa, tendrá poderes inimaginables, sus inhibiciones se quitarán y podrá modificar el mundo a su alrededor en un aspecto casi caricaturesco. Pero, en los comics, la gran diferencia con respecto a las películas se dio en que tal parece que sale a flote un extraño y oscuro personaje, llamado Big Head. En la película de 1994, la Máscara solo da poderes de acuerdo a la personalidad de quien se la ponga: si es un perdedor, lo volverá todo un garañón y juerguista, y si es un gángster, todo su lado oscuro saldrá. 



En los cómics Big Head es sádico, ultraviolento, muy parecido a otro personaje de los cómics, The Joker, solo que con superpoderes, realmente no importa la personalidad de quien use la máscara. Es decir, quien se pone la máscara es solo un vehículo para que Big Head pueda ser liberado, el cabezón solo adopta ciertos rasgos y motivaciones de quien lo libera. En la primera tanda de cómics, Stanley Ipkiss es muy diferente al de la película: Es un tipo neurótico que compra una máscara de jade en una tienda de antiguedades para regalársela a su novia Kathy. La máscara le "habla", le pide que se la ponga, y cuando Stanley lo hace, se vuelve el personaje cabezón, calvo y verde que todos conocemos.



Al darse cuenta de sus superpoderes, Ipkiss decide probarlos, y de paso, vengarse de todo aquel que le ha hecho mal en el pasado, incluyendo, tal como en las películas, dos mecánicos, una pandilla y bueno, después de esto, en los medios se atribuyen estos crímenes a quien bautizan solo como Big Head.

Después de estos episodios, Ipkiss se vuelve diferente, más violento aún sin la máscara, inclusive, maltrata a Kathy. Ella le quita la máscara, y él decide robarla después, y en su nuevo frenesí, mata a 11 policías y hace algunas otras cosas. Dándose cuenta de las consecuencias de sus actos, decide dejar de usar la máscara, y justo en ese momento, Kathy le dispara por la espalda, ya que se ha dado cuenta de que Stanley es Big Head. Kathy lleva la máscara al jefe de la policía, el teniente Kellaway, quien después de un tiempo decide usarla y con esto toma venganza de todos los mafiosos que en el pasado le dieron problemas. 

Sus métodos como Big Head son cuestionables, por supuesto, así que decide enterrar la máscara y taparla con cemento, para que nadie la vuelva a encontrar. Pero es solo el principio, puesto que así es como tan solo comienza la saga de la Máscara, que como se ve, los cómics no tratan sobre el personaje, sino sobre este peregrinar de este objeto mágico y en las manos de quién cae.

 Un gran reto para Lobo...

En el transcurso de sus aventuras en tinta dentro de los pasquines, Big Head no solo se enfrentaría a los villanos de su universo como un antihéroe, también lo haría con otros algo conocidos o muy conocidos: se daría de trompadas con Marshal Law, quien se daría cuenta que ni su ultraviolencia le haría daño a Big Head, se toparía con Lobo, el pandillero espacial de DC Comics, y por si eso fuera poco, un día, en Ciudad Gótica, el Joker robaría un objeto valiosísimo de uno de los museos: la máscara de Loki, y la usaría para darle a su malsano humor un nuevo giro, esta vez con superpoderes; Batman, el Comisionado Gordon y el Teniente Kellaway unirían fuerzas para detenerlo, hasta que Batman, como siempre, engañaría al Joker para que se quite la máscara, diciéndole que ya no es para nada gracioso; tras la derrota del villano de pálida cara, Kellaway se encargaría de nuevo de que la Máscara no volviera a ser usada, enterrándola en la tumba de Stanley Ipkiss...

 Sí...en verdad sucedió...

Que la Gorda los acompañe...

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