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jueves, 21 de noviembre de 2013

El Castillo de la Pureza...visiones de realidad y de ficción.

Cuando tenía unos años entrado en la adolescencia, en un programa de radio escuché que mencionaban "El Castillo de la Pureza", comparándolo con el acto de privar de la libertad a la propia familia. No entendía por qué la referencia, pues ese título entrecomillado no me decía nada, pero mi abuela me aclaró la duda diciéndome que era una película en la que un sujeto, loco él, encerraba a su familia por años para que no "se contaminaran" a causa del mundo exterior, malvado y corrompido.

Lo que ignoraba en aquel entonces era que la cinta se basaba en un caso real ocurrido en la Ciudad de México en la década de 1950. Me olvidé del asunto hasta que un día, siguiendo dentro de la pubertad, y teniendo sintonizada la tele en el canal 11, me llamó la atención algo que a cualquier escuincle de esa edad también le atraería, una escena de una chica (que yo veía grande) bañándose, totalmente desnuda. Me enganchó esa escena y la chica en cuestión era nada menos que una jovencísima Diana Bracho, y así continuaron las siguientes escenas de la cinta. Fue cuando por primera vez ví esa película, de ambiente claustrofóbico, donde de manera muy bien cuidada se logra crear y entretejer una historia con una sola escenografía.

Pues bien. Como todo, esto tiene un trasfondo real. Y bastante cercano al contexto en el que me desarrollo. En la esquina de Insurgentes Norte y Godard, donde ahora se encuentran un billar, uno frontón y unas bodegas, existía la llamada "casa de los macetones", casa que fue allanada el 25 de julio de 1959 tras meses de observación por parte de agentes de la policía, quienes se apostaron ahí a partir de una nota anónima encontrada en las inmediaciones, en donde se decía que el patriarca de la familia que allí vivía, tenía encerrados, prácticamente presos, a todos los miembros, y que estaba loco.

Rafael Pérez Hernández, hombre excéntrico, manco, proveniente de Jalisco, trató de prender fuego a la casona antes de que las autoridades pudieran hacer algo; fracasó, y lo que encontraron los agentes de la ley en aquel entonces fue lamentable: los hijos de Rafael, cuyos desarrollos iban de la niñez a la adolescencia, de apariencia desnutrida, como enfermos mentales, con el cabello mal cortado, la ropa sucia y apestosos, y que apenas si podían hablar, y una esposa, Sonia, de ascendencia española, sumisa e incrédula ante lo que veía.

 Rafael, el loco

Rafael, de oficio fabricante de raticidas, y de ideas de "librepensamiento", irónicamente tenía encerrada a toda su familia. Sus hijos, de nombres tales como Triunfador, Indómita, Bienvivir, Librepensamiento y Libre, no parecían, en lo absoluto, reflejar lo que sus nombres encerraban, o debían significar. Aquello que Rafael machacaba, la libertad, una forma alternativa de pensamiento y una vida "más libre y más natural, sin ataduras a religiones ni a pensamientos caducos" se veía anulado con la escena con la que se encontró la policía.

El condicionamiento mental era tal (si a eso se le puede llamar libertad), que la familia al principio lamentó el arresto de Rafael, sobre todo, porque a causa de toda una vida de ostracismo, no sabían hacer gran cosa, y apenas si sobrevivían después de que el trastornado patriarca fue llevado al palacio negro de Lecumberri a purgar su condena, y en donde se suicidó en 1972. Incluso, la familia en algunas de sus visitas le hicieron saber que lo perdonaban por todas las vejaciones y encierros, y que, encima (por si lo anterior fuera poco) lo extrañaban. Es de esperarse que esto pueda suceder a pequeña escala, pues a gran escala, locos con labia incitante han logrado atraer hacia sí a millones de personas haciéndoles creer que son líderes mesiánicos que saben lo que hacen. No sería raro, entonces, que pueda pasar con un loco y su pequeña familia, en un pequeño mundo hermético.

Este fue el caso real que despertó algunas adaptaciones de ficción que se tomaron ciertas licencias para añadir al caso toques metafísicos, filosóficos, sensacionalistas y tornar la historia en algo más macabro de lo que ya de por sí era.

Acabo de leer el libro La carcajada del gato, de Luis Spota, la cual está ligeramente basada en los hechos anteriores. Y digo ligeramente porque, si bien en esencia es lo mismo, las diferencias son abismales en cuanto a personajes, motivaciones y el destino final del patriarca enajenado.

En una narrativa no lineal, Spota (advertencia: Spoilers) nos cuenta primero, el final, lo que casi todos los miembros de una familia que ha vivido en el encierro han decidido hacer con su tirano, que los tiene encerrados en una casa con seis murallas concéntricas de cuyas puertas sólo él tiene las llaves. El libro narra lo que supuestamente sucede en el lapso de una hora, hora que se acerca cual si fueran siglos, donde Claudia, la esposa de Lázaro (el padre de la familia), recuerda lo que fue su vida antes de ese encierro de 4 lustros, una vida previa donde también estuvo encerrada espiritual y moralmente.


Con "flashbacks", podemos ver los motivos que llevan a cada personaje a castigar a su verdugo de la misma manera: los celos, el odio, la venganza, cosas que Lázaro teorizaba no podían incubarse en su ambiente cerrado y perfecto, donde, según él, ningún prejucio debía anteponerse a un deseo, ambiente en el que la desnudez no implicaría morbo ni excesos, ambiente supuestamente estéril, no contaminado por las influencias ni los vicios del mundo exterior, ambiente estanco en el que su familia, por el condicionamiento mental que Lázaro tiene sobre ellos, lo vería como un dios que todo lo sabe, todo lo ve, y de todo se da cuenta (porque no les ha enseñado a mentir a sus hijos, y su esposa se ha olvidado de cómo hacerlo). Venganza, sobre todo, el motivo principal, deseo de venganza incubado por la carcajada de un gato años atrás.

 Lázaro, al igual que Rafael, es fabricante de venenos. Pero a la vez un hombre "raro", si se le conoce superficialmente: vegetariano, "hombre renacentista" (que sabe de todos los oficios y profesiones, tanto la teoría como la técnica), que ha construído él solo su propia casa con una arquitectura poco común, dentro de la cual crecen, en los huertos, todos los frutos y las legumbres necesarias para que su familia no tenga qué salir a comprarlas o buscarlas, hombre sano pues todos los días practica la gimnasia (junto con toda su familia), que desea crear una nueva estirpe de seres humanos superiores, sanos en cuerpo y mente, y, sin embargo, él acaba cayendo también en las actitudes viciadas que tanto detesta del mundo exterior, orillando a dos de sus hijos y a su esposa a lo mismo. Una lectura que al final me dejó con la pregunta de, ¿qué sigue? no porque sea un mal libro, es excelente, pero queda ese hueco enorme que sólo el lector, con su imaginación, puede llenar. Un suspenso que aun no termina, porque me asaltan las dudas existenciales y sobre la naturaleza humana.

De nuevo recuerdo la película, que ví antes de leer el libro. No es una adaptación de la obra de Spota, es más bien, una adaptación en sí misma de los hechos ocurridos en la casa de los macetones.

Estelarizada por Claudio Brooke, es un filme que no se vale de escenografías costosas, sólo aprovecha una: la casa vieja donde se desarrolla toda la historia. Gabriel Lima, al igual que Lázaro, el otro avatar de Rafael, es fabricante de raticidas, y ha habilitado un pequeño taller en la amplia casona en el que trabajan sus hijos Porvenir, Utopía y Voluntad, que, al igual que su madre, están condicionados a creer que su padre es, además del proveedor, el que todo lo sabe, el que los protege de la maldad exterior y quien todo lo puede ver. Una casa en la que las miradas bastan como lenguaje secreto entre quienes no son Gabriel. 

A diferencia de la obra de Spota, en la que la desnudez se suponía natural y hasta deseable, y el sexo como algo natural, el ambiente aquí parece conventual, ya que los personajes (que no son Gabriel) visten ropas pardas, que cubren casi todo su cuerpo salvo las manos y el rostro. Un ambiente mojigato y en donde la pureza del cuerpo y la mente es lo más importante, en donde aprenden a leer, a escribir y otras ciencias por medio de su padre, que, como un severo profesor, insiste en que su verdad es la única.

Todo el ambiente, sin progreso al parecer, se rompe cuando los hijos mayores (Porvenir y Utopía), despiertan a la adolescencia, y no sólo sus cuerpos, sino sus mentes, ya son ajenos al aire pútrido de la casa, cuando comienzan a cuestionar el por qué de las cosas, y a desarrollar "vicios" que su padre aborrece (pero que ejerce fuera de la casa, como cuando, por ejemplo, come tacos con mucha carne en la calle y se va con una prostituta). En este punto de rompimiento, donde se destruye el supuesto equilibrio de la familia, es en el que el mismo Gabriel sembrará la semilla de su caída al ejercer su doble moral en el mundo "contaminado" que tanto critica. La película le es fiel al caso real en que todo sucedió en una casona, y en que uno de los miembros de la familia intenta llamar la atención de la policía con un papel que tira a la calle (sólo que en el filme, el papel es ignorado por completo, olvidado en la lluvia, y Gabriel es arrestado por culpa de sus venenos y su hipocresía).



Una película con una buena historia aunque a veces pareciera, en un par de escenas, que todo es muy a la fuerza o mal actuado, como los agentes con su extintor pedorro que usan para acabar con el incendio provocado por Gabriel, o la reacción del policía cuando Utopía (Bracho) le pregunta si recibieron el recado que ella tiró a la calle, o la actuación de de Arturo Berinstain como Porvenir, que a veces es buena, pues actúa como el niñote que se supone que debe ser, y otras, se pasa de "tontito" hasta en su forma de hablar.

 Caras distintas de una misma historia, adaptaciones que en sí mismas son buenas y que dejan muchas dudas existenciales. ¿Son posibles las utopías? ¿El ser humano es, por naturaleza, "vicioso"? ¿Hasta donde puede llegar nuestra doble moral? ¿Cómo podemos estar seguros que no existen pequeños castillos de la pureza muy cercanos a nosotros? Esto último, con sus variantes, tales como la trata de personas, por ejemplo, un caso relativamente reciente en la comunidad en donde vivo, de una casa que, por años, tuvo ese desgraciado "oficio"  y ahora luce abandonada, con los sellos de la policía, una casa que toda la gente evita no por la casa en sí, sino porque en ese castillo de la (im)pureza se llevaban a cabo atentados viles contra la integridad humana.

¿Podemos confiarnos de alguien que grita a los cuatro vientos que es virtuoso?...¿Qué significa la carcajada de un gato?

Que la Gorda los acompañe...

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