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sábado, 11 de abril de 2015

Del baúl de mis recuerdos: El Mil chistes

El Mil Chistes. Ese título me trae a la mente tiempos idos (o tiempos chidos, todo depende de cómo se les vea). Y de seguro a muchos que lean esta entrada, también.

 El Mil llegando a los 500 ejemplares

Me suena a algo clandestino, prohibido, porque en su época, a pesar de que al caminar por las calles se le podía ver casi en cada esquina, su circulación dentro de ciertos grupos de cierta edad era considerado como algo muuuy malo.

¿Qué era? Para los que ya saben, que han de ser muchos, sáltense esta sección, y los que no, pues lean: 

El Mil Chistes era una revista con, chistes, vaya, en formato de comic, con una tonalidad o cromática anaranjada (estilo Condorito, vaya) pero cuyos chistes eran más explícitos, más "cochinones", más para adultos, creo yo que fue un paradigma en la historia del comic mexicano.

Yo conocí la revista en la década de los noventas (¡quién no!) por accidente, cuando tenía como 6 años más o menos. Hojeé la revista y no entendí casi nada (además de que por aquel entonces no era tan explícita) y  no me llamó tanto la atención. 

 Había mucho de esto...

Pasó el tiempo, los años y, como todos los chamacos imberbes, me despertaban curiosidad las cuestiones del sexo, de aquello que los adultos tomaban como gracioso y prohibían a los niños verlo o mencionarlo, y con la obvia pregunta que casi todos hemos tenido al respecto: ¿por qué no nos dejan a los niños ver u oír esas cosas, pero ellos sí pueden? Y fue cuando volví a tener contacto con el buen Mil.

Resulta que un medio hermano de mi mamá, que por aquel entonces era un post-adolescente (que no adulto, quizás tendría unos 18 o 19 años; yo tenía unos diez u once) me mostró que tenía escondidos algunos ejemplares de este pasquín, ocultos de su conservadorísima familia de Testigos de Pejehová (sin el peje), de los cuales me regaló un par. 

Fue como una satisfacción, en aquel entonces, a la curiosidad que tenía sobre el mundo de los "adultos", sobre el sexo, y otras cosas. Los guardaba celosamente en una caja metálica que estaba integrada a mi cama, y cuando estaba solo los veía. Aunque no entendía los chistes del todo, veía las revistas por las chicas semidesnudas o muy voluptuosotas que aparecían dibujadas. Sí. Me confieso culpable.

...y de esto también


Un día, mis revistas desaparecieron misteriosamente,  y le echo la culpa a mi mamá, que, aunque no me dijo nada, ni me reclamó ni cosa por el estilo, era la que a veces escombraba mis cosas. Me sentí muy triste pues aquello era como algo prohibido, pero tan prohibido, que merecía ser atesorado.

En la secundaria tenía un "amigo" que, si todo va bien, seguramente ahora tiene su negocio de coleccionables, pues desde entonces le gustaba coleccionar cosas pero no por mucho tiempo; las vendía y conseguía más, todo un comerciante. Con él me endeudé mucho (para la época, y para un escuincle de secundaria, cien pesos era mucho en 1995), pero esa es otra historia. Y espero que se haya dedicado al final a eso que tanto le gustaba. En fin, que él me vendió como 6 o 7 ejemplares de El Mil Chistes, a los cuales ya les entendía más en cuestión del humor, pero algo faltaba, y ese algo era más edad. No recuerdo qué hice con esas revistas, pero creo que siguieron la misma ruta que aquellas que me regalara mi "medio tío", pero el caso es que esas revistas me inspiraban para querer seguir una carrera de monero, o humorista en cómics (carrera que se me frustró, y nunca pude seguir). Se perdieron esas revistas, y pues, bien, ahora que las veo a la venta por internet me doy cuenta de cierto valor histórico que tienen.

El Mil Chistes comenzó como un espacio en el que dibujantes que trabajaban en dicha revista aportaban tanto chistes de dominio público, ilustrados con sus caricaturas, como creaciones totalmente originales. Poco a poco fue adquiriendo la forma que tuvo por muchos años, por ejemplo, "Clásicos Ilustrados", chistes que casi todos nos sabemos pero que estaban ilustrados por caricaturas hechas en blanco y negro, al estilo del cine clásico. Otra sección que recuerdo era "Los cuentos del duende tragón", que eran historias contadas por episodios, cuyas continuaciones y desenlaces se daban en números sucesivos de la revista. Eran de todo tipo: de ciencia ficción, magia, fantasía, no necesariamente tenían los elementos que recordamos de la revista (ejemplo, las chavas semidesnudas o humor sexual), no, incluso eran historias dramáticas y algunas muy buenas, con dibujos que no le pedían nada a comics estadounidenses, por ejemplo (sí, estoy exagerando, jajaja, pero eran buenos).La última que recuerdo no tenía nada de humor ni sexo, y trataba sobre un mundo cibernético, hackers, virus informáticos, etc, muy buena historia, al menos la parte que leí, que ya exploraba la naciente cultura de internet a mediados de los noventa.

Otra sección de El Mil era en la que el público enviaba por correo (postal niños, postal, no electrónico) sus mejores chistes, y si eran publicados, a cuenta de correo recibían una lana por chiste publicado, ¿qué revista hace eso hoy en día? es decir, parte de la revista se construía con las aportaciones del público; otros chistes tenían la fortuna de ser ilustrados por los moneros de la revista.

A pesar de que El Mil Chistes era uno de los personajes que aparecía en la revista...curiosamente sus apariciones, fuera de la portada, eran escasas. En los Cuentos del Duende Tragón, aparecía muchas veces como protagonista, ya fuera como héroe o patiño. Un cuate de pelo largo, lentes redondos, a veces flacucho y a veces medio mamey, un tanto pervertido, que, siento yo, era la personificación de muchos chavos en los años noventa, y la mascota de la revista.

Dicen las malas lenguas que la calidad de la revista fue decayendo, tanto en contenido escrito como en dibujos, que incluso había manchones en las páginas, o se notaban las calcas de otras viñetas o el color estaba mal; el caso es que dejó de existir, pero ahora, quienes tienen ejemplares de El Mil Chistes, tienen una mina de oro en sus manos, y más con el paso del tiempo. 

Se han hecho compilaciones en libros de grandes tiras cómicas como Mafalda, Garfield, Charlie Brown, Maitena, entre otras, que se venden en las librerías, no como pan caliente, pero se venden. Y me pregunto, ¿por qué no con El Mil Chistes? Porque quizás los únicos archivos existentes sean los ejemplares enmohecidos que tienen muchas personas guardados en sus casas, ¿o será por lo "vulgarsote" de la revista? Actualmente hay material peor, y El Mil tenía, dentro de la vulgaridad, calidad en cuanto a guión y dibujo (en su época de oro). Dicen que el libro vaquero da hueva, pero aun así se sigue publicando. Que las revistillas "pornochas" de cómics que se venden en los puestos de revistas, actualmente, esas sí de veras son puro sexo por el sexo, y nada más. El Mil combinaba ingenio, albur (recuerdo que usaban también palabras cultas, y casi no tenían faltas de ortografía) con buenos dibujos, en un formato que cabía en el bolsillo (en el de la chamarra, porque en el del pantalón nel), y daba la oportunidad a los talentos del comic mexicano de meter sus creaciones, sin que estas necesariamente fueran de índole humorístico o sexual. No era una revista "pornográfica" como dirían las mamás de aquel tiempo, pues tenía de todo. 



¿Qué habrá hecho que se dejara de vender? ¿En verdad la vulgaridad? No lo creo, eso vende mucho. ¿O que fue decayendo su calidad, o que su púbico fue "envejeciendo" para dedicarse a cosas de "adultos" y los nuevos jóvenes se sentían atraídos por otro tipo de contenidos?

Es cierto, lo malo de la revista era la objetificación de la mujer, sobre todo. Pero creo que actualmente hay cosas mucho peores que otros medios presentan. El Mil muchas veces, a pesar de lo dicho, en muchas tiras, las ponía como heroínas y protagonistas principales (sin quitarles lo voluptuoso, pero ellas eran las que daban los trancazos y salvaban el día...o al Mil Chistes, que a pesar de ser "el hombre", se escondía detrás de una piedra, se desmayaba o se iba corriendo)

Fue de la época en la que el cómic mexicano pudo haber repuntado para crear una identidad propia y ponerse al tú por tú con los gigantes internacionales sin necesidad de usar superhéroes o fusiles de anime o manga. Cuando el cómic mexicano era reconocible por sí mismo, y no por copiar clichés o estilos del cómic internacional. Cuando se coleccionaba Simón Simonazo, Telerisa, Karmatrón y los Transformables, etc., cómics de los cuales DEBERÍA haber compilaciones en libros, para poder ir a la Gandhi y comprarlas como las de Mafalda u otras.

En lo personal, me gustaría ver una compilación impresa en un libro de TODO El Mil Chistes. Se vale soñar...

Aqui dejo un link a otro blog en el cual tienen varios de los números de El Mil. Recordar es vivir.


Que la Gorda los acompañe...

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